sábado, 9 de agosto de 2008

PRESENTACIÓN




Este blog está dedicado a todos los que conocí durante los 3 años y pico que estuve en la Armada. Mi nombre es Bartolomé Celiá, aunque generalmente me llaman Tolo, y soy de Mallorca.
Ingresé en la Armada el 26 de octubre de 1981, inicialmente en el CIM CÁDIZ, de San Fernando, donde estuve hasta el 19 de diciembre. Yo ingresé como como especialista, con un compromiso de 3 años, después del cual podíamos reenganchar. Estuve destinado en el Instituto Hidrográfico entre el 10 de enero de 1982 y el 16 de diciembre de ese año en calidad primero de alumno especialista (hasta junio) y luego de cabo segundo alumno.
Entre el 10 de enero de 1983 y el 10 de enero de 1985 me destinaron al BH PÓLLUX, como cabo segundo especialista. Allí se me fueron las ganas de continuar en la Marina. Ahora, pasados los años, veo las cosas de otra manera. Me han quedado únicamente los buenos recuerdos y me gustaría contactar con gente que estuvo en los mismos destinos para compartir recuerdos y, ojalá sea así, con los que compartí ese tiempo de mi vida en Cádiz. Poco a poco iré introduciendo fotografías y recuerdos. A mí me solían llamar "Mallorca".

Mi correo electrónico es

tolodemallorca@hotmail.com


Otra observación: este blog se ha confeccionado de tal forma que las entradas están puestas en orden cronológico, de 1981 a 1985. Al llegar abajo del todo, pulsa "entradas más antiguas" y te saldrán otras entradas.

También me gustaría recomendar el siguiente blog: http://elcamarotedelhidrografo.blogia.com/




Esta es la portada de un folleto nos entregaban cuando pedíamos información sobre la convocatoria de especialistas de la Armada

1. La llegada al CIM CÁDIZ


Hace algunos años que el CIM de San Fernando cerró sus puertas y actualmente está abandonado y amenaza ruina. En septiembre de 2010 hice esta fotografía de su entrada principal, mientras recordaba que muchos años atrás allá formaba en ese mismo punto una imponente guardia militar. Me dio pena ver su estado de conservación, pero es que los tiempos cambian.


De Mallorca llegamos dos chavales para hacer la instrucción. Las brigadas de especialistas eran la 7a y la 8a. Yo estaba en la 7a y mi compañero de viaje, Alonso, en la 8a. Cada una estaba formada por unos 170 jóvenes, la mayoría de los cuales tendríamos 18 años recién cumplidos. Abundan los gaditanos, cartageneros y ferrolanos, o sea, de donde hay las bases navales más importantes. También hay bastantes veteranos, que mientras ya estaban haciendo la mili se han apuntado de especialistas. Algunos de estos llevan insignias de unidades que hacen que nos los miremos con respeto, como los que vienen de submarinos o infantería de marina. Nos asignan una cama y un número. Yo soy el 467, cosa que significa que estoy en el rancho 6 de la 7a brigada.
Al día siguiente nos dan una muda de ropa de faena y nos pasan por la barbería. Nos dejan el cráneo como una bola de billar. Un poco de instrucción, nada fuerte.
Tercer día: intentamos relacionarnos. Nos llevan paseando al Arsenal de la Carraca. Me llama la atención lo que hay escrito en la puerta de entrada de ese arsenal "Reynando Carlos IIII". En el arsenal nos hacen pasar a un almacén de vestuario y nos llenan el petate de ropa militar. conmigo han acertado en todas las tallas.



viernes, 8 de agosto de 2008

2. Rutina cuartelera


Los seguientes días se entró en la rutina cuartelera. Instrucción, charlas, imaginarias... No pudimos salir a la calle hasta que llevamos 15 días allí, ya que antes teníamos que aprendernos los galones y pasar el correspondiente examen. Entretanto, llegaron los que hacían la mili forzosa, que ocupaban las otras brigadas. A muchos nos dolían los pies debido a las nuevas botas y estaban rebajados de calzado.

Este era yo en noviembre de 1981.



De vez en cuando nos tocaba una guardia. Esta podía ser de dos formas: a nivel de brigada o a nivel de cuartel. A nivel de brigada te podía tocar por las noches ser imaginaria. Esto consistía en que un grupo de nosotros estaba despierto mientras los demás duermen. En la película "la chaqueta metálica" sale una escena de un imaginaria, cuando el gordito mata al sargento y luego se suicida. De día uno podía ser cuartelero (o sea, estar de guardia en la puerta del sollado). A nivel de cuartel te podían tocar diferentes tareas: comedor, capitán de jardines (nombre pomposo detrás del que se escondía la ingrata tarea de limpiar los váters), guardia interior, guardia en biblioteca...). A mí me tocó únicamente una vez y era de guardia interior. Se trataba de estar de vigilante en un lugar del cuartel, pero dentro del recinto. No era guardia militar. Para mí la experiencia me resultó inútil, pues tenías que vigilar cosas que nadie se atrevería a tocar (a menos que alguien las vigilase).




Esta es la portada de un manual que nos entregaron en el CIM: galones, disciplina militar, partes de un buque, canciones militares...También nos da una visión de cómo era la Armada en aquellos tiempos.


Para los aspirantes a especialistas había 13 especialidades: escribiente, hidrografía, señales, radio, electricidad, electrónica, minas, torpedos, radar, sonar, artillería, maniobra y máquinas. Se tenían que escoger por orden de preferencia. Después, y según los resultados de unos test psicotécnicos, nos asignaban la especialidad. Mi orden de preferencia fue, en lo referente a las 6 primeras, escribiente, hidrografía, señales, radio, radar y sonar.

3. Algunos nombres

Todos al completo, voluntarios especialistas y marineros forzosos formábamos el curso 6/81.
El comandante de la 7a brigada era el teniente de navío Gamundi. Sé que había un sargento que se apellidaba Reina.
Los viernes nos leían las leyes penales, para meter miedo, mientras que los domingos era prácticamente obligatorio ir a misa. Había un sacerdote, el padre Salvador, al que llamábamos "el queridísimos", porque cuando utilizaba el altavoz para convocarnos a la misa empezaba siempre diciendo "queridísimos, os habla el padre Salvador..." Quien no iba a misa se exponía a que lo pillaran para algún trabajo.
El comandante del cuartel era un capitán de navío, Fernández Nogueira. Cuando éste entraba en el patio de armas todo el mundo se ponía firmes, aunque estuviera a 100 metros, y se daba la voz de atención a gritos. El jefe de instrucción era un capitán de corbeta que se apellidaba Sáinz de Inestrillas.
En lo referente a compañeros, recuerdo a uno al que llamábamos "Padrón", porque era de Padrón, aunque se llamaba Manuel Ignacio; otro se apellidaba Cardama; a uno, que era de Guadalajara, le llamábamos "Maguila", a otro "Mortadelo" y también recuerdo a uno que se apellidaba Cabanas, que volvía al CIM por segunda vez en busca de una segunda oportunidad.


4. Disciplina militar


A medida que transcurrían los días se producían bajas. No pocos de los voluntarios se volvían a casa, habitualmente por no adaptarse a la vida militar. Uno de los que se fue era Alonso, mi paisano. Yo no encontré tan dura la disciplina, pues en el verano anterior había trabajado duro como ayudante de repartidor de refrescos en los bares, donde se hacían jornadas muy largas y transportábamos más peso que un burro.
Por las noches nos ponían películas en el cine y en general se respiraba buen ambiente. Como en aquella época todavía no había teléfonos móviles, si se quería llamar por teléfono había que ir a una de las cabinas o al locutorio. Solía haber colas inmensas.


5. Vamos mejorando


Las semanas iban pasando y poco a poco nuestro nivel de instrucción iba mejorando. Tanto era así que en el último viernes antes de la jura, en las últimas leyes penales, la 7a Brigada fue considerada la brigada distinguida, tanto en instrucción como en limpieza.
De la instrucción cabe añadir el comentario de que el sistema que se utilizaba para formar las filas casi me tira la moral por el suelo: los más altos delante y a medida que uno era más bajo, pues más atras. Yo, con mi 1.70, estaba en la antepenúltima fila, el primero por la izquierda (en la foto, a la derecha).
Mientras tanto, ya nos movíamos por el CIM con más soltura. Era una dependencia grande, donde te encontrabas con cosas curiosas, como un barco de cemento (barco ECHO) y un mástil de maniobra, de varias docenas de metros de altura, como el del Elcano. Allí no nos subimos nunca, si bien vi postales en los que sí se veía gente encaramado en él.
Un comentario a la foto: el suboficial que aparece medio recortado a la derecha es el sargento Reina. El comandante de la brigada era el teniente de navío Gamundi (pero ahora que lo pienso no estoy seguro del todo del apellido)


6. Finalmente, a hidrografia

A principios de diciembre, una vez realizados varios exámenes psicotécnicos, nos informaron de la especialidad que le había tocado a cada uno. Finalmente, yo no iría a la escuela de escribientes, sino a la que puse en segundo lugar de la lista, hidrografía. Fue una pequeña decepción, pero reconozco que escribientes era una especialidad muy buscada. También había muchos que querían mecánica, a la cual yo puse de las últimas. Ahora, sin embargo, quizás me arrepiento un poco. Si supiera de mecánica quizás sería más mañoso en temas domésticos.

7. Jura de bandera


Esta foto se hizo al lado de la piscina. Yo estoy en la tercera fila, empezando por abajo, al lado del banderín, que me apunta con su bandera, debajo de la fila en la que hay los suboficiales y oficiales. En la primera fila, por abajo, el tercero es Gerardo Carrera, con el que coincidí luego en la escuela de hidrografía. En la fila superior, el segundo por la izquierda es Manuel Ignacio, al que llamábamos Padrón, porque era de esa población de Galicia.

Había un poco de confusión sobre si se juraba bandera el 12 ó el 19 de diciembre. El tema venía a cuento debido a que las dos brigadas de especialistas habían ingresado en el CIM una semana antes que los marineros de reemplazo, así que teníamos una semana de instrucción más que ellos. Finalmente, se juró bandera el 19. Aquel día el patio de armas estaba engalanado, mucha gente y todo salió muy bien. Después de la jura, se nos dio un rancho especial. Yo decidí irme a comer por allí, no recuerdo el motivo. Había en San Fernando Naval una fonda, cuyo nombre no recuerdo, donde por poco dinero comías hasta reventar. El plato más habitual era el llamado "un completo", que consistía en un filete, un huevo frito y patatas fritas.
Esa noche dormí en en CIM y al amanecer del día siguiente, en un convoy militar, salimos de permiso. Nunca he entendido el porqué los que no éramos de por allí nos hicieron salir juntos en un tren. Me bajé en Sevilla, donde cogí un tren hasta Valencia y luego en barco a Mallorca. De muchos de los compañeros que conocí allí no tuve nunca más noticas suyas.
Se nos había dado permiso hasta el 10 de enero, día en que debíamos incorporarnos a las diferentes escuelas de especialistas.
¿Qué recuerdos me quedan de esa época de San Fernando? Recuerdo que había mucha animación por las calles, llenas de marineros y soldados. Era curiosa la aglomeración de cuarteles de marina en la zona que se llamaba San Fernando Naval. Cuando se arriaba la bandera, si estabas por la calle todos se paraban y se ponían firmes.


8. Tres semanas de permiso

Nos dieron permiso hasta el 10 de enero de 1982, día en que debíamos presentarnos a las escuelas de especialistas. Eran 3 semanas. Durante esos días en casa recibí una carta del ayuntamiento indicando que debía presentarme para inscribirme para hacer la mili. Me presenté al ayuntamiento vestido de marinero para que vieran que no era necesario, que ya estaba dentro. Como respuesta me dijeron que eso no bastaba, que debía enviarles un certificado oficial. No recuerdo si esas tres semanas se me hicieron cortas o largas.

9. Los hidrógrafos no llevan rabiza


10 de enero de 1982. Me presento en el Instituto Hidrográfico de Cádiz con el galón de alumno especialista (una V roja invertida y el distintivo de la especialidad), junto con la rabiza, un cordón con un nudo marinero sobre el pecho. Lo primero que me dice el suboficial de guardia es que me quite la rabiza: los alumnos hidrógrafos no llevan rabiza. Otras curiosidades que aprendí al poco tiempo es que allí solamente se llevan galones en una hombrera, no en las dos, y que no se llevaba la cabeza cubierta con gorra, excepto en las guardias. El motivo, que allí había más mandos que tropa. Uno se pasaría el día saludando si se hicieran las cosas en plan cuartel de instrucción. Como curiosidad, el mando era un contraalmirante, Vicente Gandarias Amillategui, y había 7 capitanes de navío.

10. Los compañeros




Llegué al Instituto Hidrográfico por la tarde y creo recordar que era festivo, pues estaba casi vacío de gente. Después de pasar por el cuerpo de guardia nos llevaron al cuartel de alumnos, un edificio nuevo que no tenía pinta de cuartel, sino de residencia de estudiantes. Únicamente de diferenciaba que en los dormitorios en lugar de camas había literas, 2 en cada habitación. Nada de taquillas: armarios. No teníamos número asignado. En todo caso, mi cama tenía la identificación B-1-3. Incluso en el cuartel de alumnos residían algunos civiles. Me acuerdo que había uno más mayor que se llamaba Paco Huelva.
Aquel día llegamos escalonadamente 9 alumnos especialistas del curso 1 y 8 cabos primeros alumnos del curso 2. Los nombres de los alumnos eran:
Curso 1: Gerardo Carrera Polo, de Madrid, ya lo conocía ligeramente de San Fernando; Marco Antonio García Román, de Sant Boi de Llobregat; Manuel Fernández Toscano, de Huelva, cuando ingresó de especialista ya llevaba varios meses de mili; Francisco Enrique López Rodríguez "Paco", de San Fernando; Juan Sánchez Palacios, también de San Fernando; Benigno Martínez Graña, de Cádiz; José Antonio Pérez Hidalgo, de Sevilla; José Antonio Pérez Mateo "Pepe", de Cádiz, y yo. Pérez Mateo era cabo rojo y había sido obligado a cambiar de especialidad, de señalero a hidrografía, cuando estaba a punto de començar el curso 2. El motivo, que padecía un extraño defecto visual. Para continuar en la Armada le obligaron a cambiar de especialidad a hidrografía.



Esta foto fue tomada en la entrada del cuartel de alumnos a finales de febrero de 1982. Los 3 de arriba son: Benigno Martínez Graña, Manuel Fernández Toscano y Francisco Enrique López Rodríguez. Los 4 del centro son: Marco Antonio García Román, Gerardo Carrera Polo (arriba), José Antonio Pérez Hidalgo (abajo) y Juan Sánchez Palacios. Abajo: yo y José Antonio Pérez Mateos. Notar que todos llevamos galones de alumno especialista, excepto Pérez Mateos, que era cabo segundo y porta el distintivo de la especialidad de señalero.


Los 8 del curso 2 eran: Antonio ¿Rivera? (no estoy seguro), de Tarifa; José María Espinosa Pereda "Txema", de Barcelona; Justo Manuel Mesa, de Córdoba; Vicente Nieto Senero; Ildefonso Rendón Yáñez "Fonfi"; Luís González Rodríguez, de San Fernando; Francisco José García Collantes "Paco", de Tarifa, y Pedro Roldán Conesa "Perico".






En septiembre de 2010 visite el Instituto Hidrográfico y tomé esta imagen en el dormitorio B-1-3, más concretamente de la zona que ocupaba mi litera. En aquellos tiempos el mueble del centro no estaba y la litera estaba más hacia el centro. Yo dormía en la de abajo y en la de arriba estaba Gerardo. Ahora ya no hay especialistas y creo que allí van a dormir marineros profesionales. Los cubrecamas no han cambiado lo más mínimo y son idénticos a los que había en 1982.





Esta era mi taquilla, muy amplia y en la que cabía todo. La de la derecha era de Gerardo y la de la izquierda de Toscano. La foto es de septiembre de 2010, pero en 1982 estaba nueva y reluciente, creo recordar que pintada de un color más claro.



11. Horarios


Los horarios eran:
Levantarse a les 06.30 de la mañana. Desayuno.
07.30 a 08.30: estudio. La cosa iba de ir a clase y estudiar. Nunca nos guardaba nadie. Ahora bien, no se podía salir del aula.
08.45: revista.
09.00 a 14.00: clases.
A continuación, comida y descanso hasta las 16 horas. De 16 a 18 horas, clases.
Luego se podía salir de paseo si no se tenía guardia.
A las 20.00, cena. en general, no teníamos hora de silencio. Uno podía retirarse a dormir cuando lo considerase oportuno, aunque no podía salir fuera del cuartel de alumnos. Ahora bien, la jornada era tan cargada de actividad que quedarse hasta muy tarde no tenía sentido.

12. Los mandos de los alumnos

Al llegar al Instituto Hidrográfico, el comandante era el contraalmirante Vicente Gandarias Amillategui. En agosto fue relevado por el capitán de Navio Luís González. El ayudante mayor era un capitán de navío llamado Blas Tisner, siempre acompañado por su adjunto, Don Patricio, un mayor, una graduación que se tenía que extinguir.
El comandante de la brigada de alumnos era el teniente de navio Luís Español Lage.
Su segundo era un alferez de infantería de marina, de la escala de complemento. Se llamaba Álvaro Chacartegui y era psicólogo. Durante el curso nos pasó varios tests de inteligencia y personalidad. En uno de ellos, al que tuve acceso de manera extraoficial, se decía de yo que "parecía que me gustaban más las cosas que las personas".
El suboficial de la brigada de alumnos era el subteniente José García Balibrea, al que llamábamos entre nosotros el Balibrea o Don José.
En general los considero buena gente y que nos trató bastante bien. Con el contraalmirante no intercambié ni una palabra durante todo el curso. Llegaba en coche oficial por la mañana y se encerraba en el edificio principal hasta que se iba.

13. Los cabos primeros del curso III

Aparte de los cursos I (de cabos segundos), II (de cabos primeros) y III (de sargento), también había cursos para oficiales, uno para obtener la especialidad de hidrografía y otro para convertirse en ingeniero hidrógrafo. En general, los de los cursos I, II y III hacíamos vida en común y nos llevábamos bien. Los oficiales de los otros cursos eran otro mundo. Nos ignorábamos mutuamente. Solamente confraternizamos durante unas semanas en las que se organizó un torneo de futbito. Había oficiales de países extranjeros, que yo recuerde sudamericanos, que llevaban los uniformes de sus naciones. Ahora me viene a la cabeza uno que se llamaba Byron, que era ecuatoriano. Nunca llevaba gorra, cosa que me llamó la atención. Siempre me tentó el saber si en Ecuador no se lleva gorra de plato.
Del curso III, que eran cabos primeros que hacían el curso de especialidad para ascender a sargento, recuerdo que al llegar había uno que se apellidaba Blanco (o sea, era el cabo Blanco) y dormía en el cuartel de alumnos. Su afición favorita era hacer la siesta. Otro era el cabo Sanemeterio, un gallego con el que coincidí al año siguiente cuando me embarcaron. También estaba el cabo Goma, o sea Manuel Goma Pavón, que también embarcó conmigo en el 1983. Del resto de miembros del curso III no consigo acordarme.

14. Profesorado

Entre los profesores, los había civiles y militares.
Matemáticas y naturales nos las impartía un ingeniero civil llamado Manolo, no me acuerdo de su apellido. Nos dejó durante el curso, pues aprobó una oposición. Ahora mismo no consigo recordar quien lo sustituyó.
Rafael Ibáñez era el profesor de humanística. También era civil.
El oficial de brigada, alférez de infantería de marina Álvaro Chacartegui también ejercía de profesor de gimnasia, ayudado por un sargento primero apellido Otero. Éste nos dirigía en las sesiones de gimnasia, que eran hacer cuestas arriba y abajo
José García Balibrea era el profesor de moral militar. Era subteniente hidrógrafo.
La asignatura de navegación la impartía un teniente de navío del que no recuerdo el nombre.
Hidrografía era la asignatura de don José León, veterano alférez de navío. En ocasiones le ayudaba, en las clases prácticas, un subteniente del cual no recuerdo el nombre.
Meteorología era para un ingeniero hidrógrafo civil del que tampoco me viene a la cabeza su nombre.
Sanidad la impartía un brigada ATS.
De inglés era la profesora una señora mayor, viuda de un antiguo mando del Instituto Hidrográfico.
También había un informático, que nos enseñaba la informática de aquella época (las tarjetas perforadas) y no recuerdo bien si había una asignatura de oceanografía, aunque es posible que no fuera más que una parte de la de navegación. La memoria no da para más.
Personalmente creo que era buena gente y se portaron bien con nosotros
Como es normal en el mundo de la educación, muchos de ellos eran conocidos por nosotros por apodos, que se transmitían curso a curso (el Loco, el Croma, el Piolín, el Fali, el Pantera Rosa...) Nunca vi en ello malas intenciones y, como me dedico ahora profesionalmente a la enseñanza, lo comprendo, porque yo también los he tenido. Además, nosotros también nos llamábamos entre nosotros por apodos: El Tronco, Cata, Mallorca, Sevi, Cateto, Guan, Beni...



Durante una excursión que hicimos a Sevilla en marzo de 1982 nos hicimos esta fotografía. El de la barba con gafas es Rafael Ibáñez, profesor de humanística. Yo estoy en el centro, de pie. Sentado, delante mío, Antonio Rivero. A mi izquierda (o sea, a la derecha de la foto), Juan Sánchez Palacios, Perico y Fonfi. A mi derecha se puede apreciar vagamente a Vicente Nieto, con barba, y a Paco Collantes.

Periódicamente íbamos al tiro. Nos venía a buscar un autobús de la maestranza y todos los alumnos de los cursos I, II y III nos dirigíamos al campo de tiro que tenía la Armada en San Fernando. Así se cambiaba la rutina y nos distraíamos un poco. Se tiraba con mosquetón y con pistola (jamás con el cetme). Las cajas de munición pesaban mucho y eran de madera, con dos asas a los lados. Recuerdo que el mosquetón se solía encasquillar con facilidad.

jueves, 7 de agosto de 2008

15. Guardias


Una foto un poco oscura, lo siento. también procede de la excursión a Sevilla.


Los alumnos del curso I hacíamos dos tipos de guardias: de cabo de guardia en la entrada del Instituto Hidrográfico y de imaginaria en el cuartel de alumnos.
De cabo de guardia montábamos cada 9 días (lógico pues éramos 9 alumnos). Ese día no íbamos a clase y estábamos en la puerta controlando el acceso al Instituto y dirigiendo los relevos de los marineros en los puntos de guardia. Así conocíamos a los marineros, pues en general hacíamos vida aparte. Me acuerdo de algunos, casi todos por apodos: el Pagi, el Cañones, Ricardo Mena... Estábamos en la puerta de 8 de la mañana a 11 de la noche y luego a dormir. También conocíamos a los suboficiales: los subtenientes Antonio Pozas, Marín Meca, Juan Cano, Gago, Frutos, Ramos, el sargento Valencia, el cabo artillero Morilla...
en cuanto a imaginarias, en el cuartel de alumnos de día montaban guardia los del curso II, que estaban a 8 guardias, que también montaban alguna que otra imaginaria, pero las más chungas, o sea de 3 a 6, eran para nosotros.

16. Recuerdos musicales

Mientras estaba de imaginaria, tenía la costumbre de escuchar la radio (algo había que hacer para no aburrirse). En una época me dediqué, no sé porqué, a escuchar emisoras extranjeras de onda corta que hablaban en lengua castellana, por ejemplo radio Moscú o radio Tirana. No porque me tentase el comunismo, sino porque me distraía el cómo interpretaban la situación internacional. Ahora me viene a la cabeza una chica que decía ser sueca que comentaba en castellano las maravillas de Albania por radio Tirana. Delirante, vamos.
Después, cansado ya de escuchar estas cosas, me cambié a las emisoras de música. Eran los tiempos de Ultravox, Human League, The Police, OMD, Dire Straits.... Era música que daba 100 vueltas a la de hoy en día, con la ventaja de que se escucha igual de fresca hoy después de tantos años, cosa que no se puede decir de la que se hace en estos días.. Hay dos canciones que cada vez que las oigo me recuerdan a Cádiz: spirits in the material world, de The Police, y Souvenir, de OMD. No sé el porqué, pero siempre me recuerdan a esos tiempos. Supongo que las debieron machacar un montón por los 40 Principales.
También sonaba un grupo llamado Los Chicos de la Bahía, que creo eran precisamente de Cádiz. Cantaban algo así como "el sur es una playa fantástica, camino, camino, del sur". Además, eran los tiempos de Mecano.
Había buenos grupos de heavy metal, Iron Maiden, Scorpions, Van Halen... Algunos de esos grupos de por aquí: Baron Rojo, Obús...


17. la ciudad de Cádiz

Cádiz era una ciudad con un encanto especial. Me gustaba pasear por sus barrios antiguos de la Isla de León. Allí estaba el teatro Falla, famoso cuando se celebraban los concursos de carnaval, la plaza Falla, la plaza del ayuntamiento y su catedral. Todo cerca. Curiosamente, y a pesar de que Cádiz es una provincia en la que hay varias ciudades míticas en el tema del toreo, en Cádiz ciudad no había ninguna plaza de toros.
Era impresionante su carnaval. Había que vivirlo para creerlo, pues es muy diferente a como se celebra por Mallorca. En aquella época, teóricamente a los que hacían la mili y a los especialistas como nosotros no nos estaba permitido vestir de paisano, aunque en general los oficiales de guardia se mostraban permisivos y no registraban las bolsas que llevábamos cuando salíamos a la calle. En tiempos de carnaval, un subteniente, no recuerdo su nombre, nos preguntó, que lleváis allí? refiriéndose a las bolsas. Le respondimos que el disfraz. No hubo problemas para salir. También me acuerdo de las freidurías gaditanas, donde se comía marisco y pescaito frito cuando nos lo podíamos permitir.

miércoles, 6 de agosto de 2008

18. Que se veia por la tele






En aquella época había dos canales de televisión, la primera y la segunda. Aquel verano de 1982 tuvieron lugar los mundiales de fútbol. Fue el mítico España 82, el del Naranjito. Allí descubrimos al camerunés Nkono, ese que nunca enseñaba las piernas y que luego fichó por el Español. Se veían programas como La Fuga de Logan (¿se acuerda alguien?), Ulises siglo no sé cual, Bla bla bla (así se llamaba), Verano Azul... También fue el tiempo de la Guerra de las Malvinas, que de abril a junio llenaba los telediarios.



Esta es una especie del "a por ellos" para el mundial 82. La cantaban las hermanas Hurtado

A continuación, dos momentos de VERANO AZUL que marcaron a toda una generación: el canto del "No nos moverán" y el momento más triste de todos, cuando Pancho anuncia que "Chanquete ha muerto". Sí, fue muy triste.










19. Escogiendo destinos

Los cabos primeros terminaron el curso a principios de diciembre. Los cabos segundos nos despedimos de la Escuela días después, el 16. Antes escogimos los destinos. Había 6 buques hidrógrafos: Cástor, Póllux, Rígel, Antares, Tofiño y Malaspina. El reparto de plazas lo hicimos nosotros mismos y los mandos vinieron a bien. Ahora mismo no recuerdo bien quien fue a cual. Yo me fui al Pollux por un motivo bien claro: porque tenía la base en Palma.
El Póllux era junto con el Cástor el más veterano de la flota de buques hidrógrafos, pues fue botado en el 64, si no recuerdo mal. El Rígel y el Antares, a pesar de que exteriormente eran muy similares, tenían 10 años menos. Tofiño y Malaspina eran de mayor tamaño y también bastante modernos. Por noviembre o diciembre fuimos a visitar los barcos, ya que habían coincidido en La Carraca  y en el Póllux me recomendaron claramente que no pidiese ese destino, que allí no se vivía bien. No le hice caso.
Entre nosotros mismos hicimos un reparto de los destinos, que acordamos que quedase de la siguiente manera (seguro que en algunos casos me equivoco):
Castor: Toscano
Pollux: yo
Antares: Juan y Paco
Rigel: Sevilla
Malaspina: Benigno y Pepe
tofiño: Gerardo y Marco Antonio

martes, 5 de agosto de 2008

20. Adiós al Instituto Hidrográfico


Esta es la entrada de la Escuela de Hidrografía. Quien está a mi lado es mi señora, en una foto que nos hicimos en diciembre de 2006, durante uno de nuestros viajes por Andalucía. Ya no es como antes, pues esta Armada actual no se parece en nada a la que conocí. El Hidrográfico, aquella tarde, estaba casi desierto, con un aspecto casi fantasmagórico. No hay cursos de especialistas, pues el sistema de ingreso y la formación del personal siguen otros procedimientos.


El 16 de diciembre de 1982 terminamos el curso y nos despedimos del Instituto, teóricamente por un año, ya que la lógica para muchos era que volviésemos para realizar el curso 2. Aquel día hubo una pequeña fiesta de despedida en la que hubo discursos de los mandos con alabanzas hacia todos nosotros. Después subimos la larga cuesta, desde el cuartel de alumnos hasta el cuerpo de guardia. No tenía ningún sentimiento, ni de pena ni de alegría: tenía que tomar un tren hacia Sevilla e iba justo de tiempo y esto era lo único que tenía en la cabeza. Mientras tanto, teníamos por delante 3 semanas de permiso, hasta el 10 de enero, así que había que aprovechar.
Por cierto, que cuando escribo estas líneas, una pequeña ampliación, es el 16 de diciembre de 2012. Han pasado 30 años exactos desde aquel día en que me despedí del Hidrográfico y veo como pasa el tiempo. Por más que me como el coco, no me vienen recuerdos de mi última noche en el cuartel de alumnos. Seguramente me pasé el tiempo preparando el petate.


21. El Póllux


En aquella época había tres buques hidrógrafos que tenían teóricamente la base en Palma, el Tofiño, el Rígel y el Póllux. Ahora bien, los dos primeros estaban la mayor parte del año en Cádiz. El Póllux, en cambio formaba parte del paisaje de la bahía de Palma. No amarraba en la base de Porto Pi, en donde estaban los 12 dragaminas, sino en un muelle más apartado, el dique oeste. El Póllux destacaba por su color blanco, de forma que se distinguía de lejos, con su numeral en los alerones, AH-22. Su código era EBHD, que era como decir su matrícula, pues todos los buques de guerra de la Armada empezaban con EB (cabe recordar que los aviones civiles empiezan con EC y luego tres letras).
No era muy grande, con 38 metros de eslora y su velocidad no superaba los 10 nudos. Había sido botado en 1964 y entregado en la Armada en 1966, y era prácticamente idéntico a su gemelo el Cástor. El Rígel y el Antares, a pesar de que exteriormente parecían idénticos, eran una década más modernos y esto se notaba, entre otras cosas en las condiciones de habitabilidad.
Durante el permiso recibí un telegrama a casa: no importaba que fuese a Cádiz a buscar pasaporte para embarcar: tenía que presentarme al Póllux el 10 de enero en el muelle de Palma.




En este vídeo que aparece colgado en internet se dice que es la última travesía del Póllux.

lunes, 4 de agosto de 2008

22. Descripción del personal del Póllux en enero del 1983

Como en todos los barcos hidrógrafos, una gran parte del personal tenía la especialidad de hidrografía. La dotación la componían 4 oficiales, 6 suboficiales, 14 cabos primeros, 3 cabos segundos especialistas y una veintena de marineros.

El comandante era el teniente de navío Miguel Lafuente, con José Luís Vélez, otro teniente de navío, de segundo. El oficial era el alférez de navío Manuel Hernández, a quien tenía visto en la escuela del Instituto Hidrográfico, pues había hecho el curso de hidrografía, y el jefe de máquinas era el teniente José Luís Couso.

Suboficiales (de los que no recuerdo los apellidos los publico como Don tal, que era tal como los conocíamos): sargento primero hidrógrafo Pascual Soto, sargento primero mecánico Diego Romero, sargento mecánico Don Juan, sargento hidrógrafo Sanemeterio (creo que se llamaba Pedro). Había también un sargento electricista que creo se llamaba Miguel (no estoy seguro) y un brigada ATS del que no recuerdo ni nombre ni apellido (quizás podría ser Don José).

Cabos primeros: Fernando (radio), Pedro (escribiente), Gázquez (maniobra), Luís (máquinas), Juan (máquinas), Pepe (máquinas), Salvador (electrónica), Andres Jiménez "Larri"(electricidad), José Maria Espinosa "Xema" (hidrografía), Paco Collantes (hidrografía), Alfonso (hidrografía), Tato (hidrografía), "Chiclana" (hidrografía) y Varo (hidrografía).

Los cabos segundos especialistas éramos Gustavo Carpintero (radio), Tomás Rocamora (hidrografía) y yo.

En cuanto a marineros, me vienen a la cabeza el Llorca, el Cai, el "Chocolate" y Salvador el buzo. Me acuerdo de muchos más, pero que vinieron posteriormente.

Igual que en todas partes, a algunos de los que estaban a bordo los conocíamos más por un sobrenombre. Así, había "el Coin", "el Quilate"...
La mascosta era un perro llamado Amín, de color negro y muy simpático.
Todos los que acabo de relacionar estaban en el Póllux cuando yo llegué allí el 10 de enero de 1983.

23. Llegar y a Ibiza

Llego al Póllux por la mañana del 10 de enero y me dicen: "esta noche zarpamos a Ibiza". Afortunadamente había traído el petate con mis cosas. Inmediatamente me di cuenta de que llegar a un barco era como empezar de cero, pues se trataba de un ambiente muy diferente al del Instituto Hidrográfico. Mucho salitre.
Durante la travesía de Palma a Ibiza, de unas 10 horas de duración, llevé por primera vez la caña, que es el nombre con que se llama a la rueda del timón. No era difícil. Se trata de mirar una brújula intentando llevar el rumbo marcado. La caña del Póllux era del tipo clásico, muy parecida a la de los grandes veleros de madera. También esa noche hice mis primeros pinitos de serviola, haciendo un curso acelerado de eso indicar una posición con el sistema de las horas del reloj.
También me asignaron una litera. qué diferente era el sollado de marinería del Póllux con lo que habíamos tenido en el Instituto Hidrográfico. La primera impresión fue poco positiva.

domingo, 3 de agosto de 2008

24. Haciendo las cartas del Freu

Los 10 días que estuvimos por Ibiza fueron rutinarios. El Pollux se dedicaba a hacer la carta de navegación del Freu, la zona comprendida entre Ibiza y Formentera. Muchos islotes (isla Negra, Ahorcados, Espardell, Espalmador... Cada mañana, lo mismo: levantarse a la 6 (o antes), preparar el material, en el cual, yo por ser cabo segundo, tenía que aguantar el trabajo más duro. El procedimiento era el clásico: te venía un cabo primero (casi siempre el mismo), seguramente con una orden de un suboficial y te decía "bájate al pañol y saca el material... que te ayuden los marineros".
El problema era delicado, pues los cabos segundos hacíamos vida con los marineros y por tener un galón rojo no teníamos autoridad para dar órdenes a los marineros. Afortunadamente, siempre encontrábamos algunos que ayudaban, pues el pañol era un lugar de acceso nada sencillo, a través de una escotilla con escalerilla y algún material de hidrografía pesaba una burrada, como eran las baterías y las estaciones raydist.
Luego, con todo el material cargado en el land rover, nos íbamos a hacer planos de la costa. Los cabos 1os i 2os especialistas se repartían en las denominadas "estaciones", que eran un círculo pintado con pintura en el suelo, a veces con una bandera, y allí "cortábamos" el momento en que la barca del Pollux bajaba la bandera. El Pollux, mientras tanto, se situaba en el centro de operaciones.
Al atardecer se tocaba retirada (moviendo las banderas del bote) y volvíamos al puerto de Ibiza. Si no estábamos reventados salíamos a dar una vuelta por allí. Ahora me viene a la cabeza un pub que se llamaba Pachitos, donde tomábamos unas cañas, situado cerca del muelle.

25. Un retorno a Palma de lo más accidentado


ESTE ES EL KUDOWA

Debía ser el 20 de enero y teníamos que volver a Palma aquel mismo día. Ahora bien, el retorno fue adelantado unas horas. Era de madrugada cuando de pronto se encendieron las luces del sollado y se nos ordenaba que nos levantásemos rápidamente. El motivo: que se hundía un buque polaco y teníamos que ir al rescate.
Antes de zarpar dejamos en el puerto al cabo segundo Tomás Rocamora y a un marinero al que llamábamos "Chocolate". Tenían que quedarse para hacer el estudio de las mareas del puerto de Ibiza.
Dejamos puerto y nos metimos en el temporal más grande que vi en todos mis años de marinero. Olas enormes, que nos pasaban por encima y provocaban que no se podía ver el horizonte. Muchos nos mareamos. Yo le dije a un suboficial que no podía llevar la caña, así que me dijo que me largara pues estorbaba. Me eché en mi litera.
Cuando desperté, después de echar alguna que otra "mascada", llegábamos a Palma. Nuestro concurso para rescatar el Kudowa no fue necesario. Sé que se hundió y hubo algunos muertos.


26. Retorno a Ibiza, pero solo

La rutina en Palma era de trabajo de 8 a 14 y después, quien no estaba de guardia, o arrestado podía irse. Arrestados siempre había unos cuantos. Yo me iba a Sóller, a casa. Quedarse por el buque representaba que en cualquier momento te podían llamar para cualquier cosa. Un buque es una máquina que necesita un mantenimiento constante y allí se trabajaba mucho. Por ejemplo, guardia cada 3 días. También hay que decir que siempre el que nos repartía el trabajo era el mismo individuo, el cual hacía todo lo posible para no dar ejemplo.
Por tanto, cuando a los 10 días de estar en Palma me avisaron de que tenía que irme a Ibiza, dejando el barco en Palma, soplé aliviado. Sucedía que los dos que habíamos dejado en Ibiza estaban de baja. Rocamora estaba enfermo en el hospital, mientras que "Chocolate" no recuerdo qué le sucedió. Así las cosas, a finales de enero cojo el buque correo y me voy a Ibiza.

27. Por una vez, me hago el valiente

Llego a Ibiza y me presento en la Comandancia de Marina de Ibiza. A continuación, para ponerme al día, me llevan a ver a Rocamora, al que me encuentro postrado en una cama del hospital. Del "Chocolate" no me acuerdo qué le podía suceder, pero creo que estaba enfermo también.
Dadas las circunstancias, "me hago el valiente" y tomo una decisión histórica y les digo a los de la Comandancia que YO personalmente estaré dos días seguidos tomando mareas (¿que otro remedio tenia?). Me conformaba con que me llevasen comida y bebida.
Durante unos cuantos días a finales de enero del 83 estuve solo, en el Puerto de Ibiza, al lado de la estación marítima y cobijado en un land rover de la Comandancia. Mi trabajo consistía en tomar cada rato la altura del mar en una regla vertical situada en un punto del muelle, al lado de la estación marítima. Supongo que alguna vez me debí quedar dormido, pues no me cuadra que una persona pueda estar algunos días sin pegar ojo.
Entretanto, y para no aburrirme, escuchaba la radio (radio diario de Ibiza). Había muchos programas musicales. Muchas chicas llamaban a la emisora y pedían que les pusieran alguna canción. Casi todas esas chicas se llamaban Nieves, curioso. Yo también llamé a la emisora por teléfono (de una cabina pues no había móviles en el 83) y les pedí alguna canción.

28. La Comandancia de Marina de Ibiza y la PVI-130

La Comandancia de Marina de Ibiza estaba situada en el centro de la ciudad, a unos 400 metros del puerto y tenía una dotación de marinería bastante grande. Se vivía allí bien, con un ambiente que no se parecía en nada al del Póllux. En el muelle tenía la base un pequeño patrullero de vigilancia interior, el PVI-130. Estaban destinados en él 3 marineros de los que me hice amigo. Estos sí que vivían bien. Curiosamente uno de éstos, un cabo verde llamado Andrés, se moría de ganas por ir destinado a un buque grande, a una fragata. Yo le decía que estaba loco. Años después pasé un día por Ibiza y ya no había ni rastro de la existencia de la Comandancia ni del PVI-130.

sábado, 2 de agosto de 2008

29. Vuelve el Pollux

A los pocos días volvimos a ser tres, pues Tomás Rocamora i el Chocolate se restablecieron. Así pudimos descansar un poco más. Fueron estos los días más felices en los primeros seis meses en el Póllux (que por allí no andaba, afortunadamente). Todo terminó sobre el 10 de febrero, cuando muy de mañana apareció el buque, amarrando en su lugar de costumbre en el muelle. Recuerdo que en ese momento yo estaba allí mismo tomando mareas y lo primero que vi fue a ese que siempre me daba órdenes y procuraba no dar ejemplo, que se sorprendía por la baja temperatura. Ver a ese caballero ya me tiró la moral por el suelo. Seguramente de cabo segundo lo debieron tratar muy mal y ahora lo compensaba haciendo lo mismo con los que tenían menos galones que él. Ya en ese momento tenía muy claro que mi futuro no estaba en la Armada. Eso sí, me quedaban dos años.
En los días siguientes días, aparte de tomar mareas en el muelle continuamos trabajando haciendo levantamientos cartográficos. Conocí así todas las islas que había entre Ibiza y Formentera: Espardell, Espalmador, Islas Negras y la Isla de Ahorcados. En esta última me solían desembarcar y me dejaban solo con un teodolito T0, un modelo sencillo, durante horas y horas. Era el único ser humano en esa isla, en la que había algunos conejos y miles de lagartijas.

30. Una nueva generación


A la izquierda, José García, el cocinero, un buen compañero que tuve en el Póllux. El de la derecha soy yo. La foto está tomada en la toldilla del Póllux, en septiembre de 1983, durante un desplazamiento a Ibiza.


Poco a poco pasaron los meses. Entre enero y junio del 83 se fueron licenciando los veteranos del Póllux y vinieron sus relevos. Hasta aquel momento la mayoría de los miembros de la dotación eran de origen andaluz, pero los nuevos tenían un origen más diversificado. Recuerdo que de golpe llegaron 5 chavales: Jordi Isach Safón, que era un barceloní que estudiaba creo que química en la universidad; José García, también catalán, que fue nuestro cocinero durante muchos meses; Pedro, que ahora no recuerdo su apellido, que era también catalán; Jesús Herranz, chaval valenciano que a los pocos meses se fue a un destino en tierra cerca de su casa, y Fulgencio Hernández Cifuentes, un murciano de Lorquí muy hábil en los trabajos de a bordo. Con ellos compartí muchas guardias y alguna que otra comida en los ratos de descanso (ahora me acuerdo de una excursión a Jerez de La Frontera donde fuimos a comer a un restaurante donde protestamos porque los precios de los filetes los indicaban según su peso). También nos reímos mucho una vez que Fulgencio nos dio diana por el altavoz. Creía que éste no funcionaba y terminó con un "al carajo" que fue la mejor diana que tuvimos en muchos meses.
También por esa época sucedió un extraño incidente durante uno de los viajes a Ibiza: importante material de hidrografía, entre el que se encontraba una buena parte de los teodolitos, se dejó una noche en un bote en el muelle de Ses Salines, sin guardia ni nada. El problema es que durante la noche hizo un fuerte oleaje y el bote se llenó de agua, quedando parcialmente sumergido. El resultado: que los teodolitos quedaron inutilizados y no se podía realizar ningún trabajo hasta que todo se secó y reparó. Fue un desplazamiento inútil a Ibiza.

viernes, 1 de agosto de 2008

31. Viaje a Cádiz para cambiar de comandante

El 15 de junio de 1983 cambió de golpe la rutina. Ese mes, en lugar de volver a Ibiza, fuimos al Arsenal de La Carraca. Al llegar allí se habían invertido los términos: casi todos volvían a casa, pues eran de por allá, mientras que yo debía ser de los pocos que no tenían ni franco de ría ni franco de localidad. El segundo comandante no reunió a todos y ofreció a los que eran de allí 4 días de permiso "jueves, viernes, sábado y domingo". A cambio, al volver, tenían que poner el barco como nuevo para el día 30 de de junio porque ese día se relevaba al comandante. Todos, excepto una docena corta se fueron corriendo. Yo me quedé en La Carraca y me di alguna vuelta por mis queridas calles de San Fernando y Cádiz.

32. Cambio de comandante

El lunes regresaron todos los francos y la actividad durante los días siguientes fue extraordinaria. Se trabajaba sin parar, horas y horas. Se pintó y se limpió la cara al barco con el único objetivo de tenerlo preparado para el cambio de mandos. Finalmente, el 30 de junio el señor Lafuente se fue y llegó el nuevo comandante, el teniente de navío Enrique Moreu Munáiz. Al día siguiente me largué de permiso a Mallorca, un permiso que necesitaba, pues habían sido unos días de mucho trabajo.

33. Se comienza a vivir mejor


Esta foto está tomada en el muelle de Sa Sabina, en Formentera, con parte del material de hidrografía. Y digo parte porque en cada salida diaria se utilizaba mucho, pero que mucho material. Estos aparatos tan raros que tengo a mis pies son los recipientes que contienen los teodolitos, con los que tomaban ángulos los cortadores. Los más pequeños son T-0 y los más grandes T-1. Se solían guardar por las noches en el pañol y por la mañana, antes de partir, el se siempre me repetía la orden de siempre: "bájate al pañol y saca los aparatos... Que te ayuden algunos marineros". Después de dar esta orden tan compleja, se retiraba a descansar un poco más en la camareta para reponer fuerzas. Y lo de compleja no lo digo en broma, pues eso del que "te ayuden algunos marineros" es muy fácil de decir, pero era un poco complejo de llevar a la práctica. Afortunadamente no todos eran como este señor del que hablo, de cuyo nombre aun consigo acordarme.

El cambio de comandante se tradujo en un cambio en las condiciones de a bordo. Se vivía mejor. El segundo también se fue al poco tiempo y fue sustituido por Manuel Zafra, que estuvo poco tiempo. Mientras tanto, se licenciaron todos los antiguos marineros y llegaron otros nuevos: Pedro Montañez, Cristóbal, Diego, Marceliano... Con esta nueva tropa hicimos un desplazamiento a Ibiza en septiembre. En este viaje trabajamos mucho por Formentera. Luego, en octubre, volvimos a Cádiz y, curiosamente, nada más llegar, me dan 10 días de permiso. Fue por esos días cuando me viene el jefe de máquinas y me pregunta si pienso renovar compromiso por tres años. Cuando le respondí que no, se lo tomó bastante mal.

34. Me hacen cartero

Durante las navidades del 83 se licencia Tomás Rocamora, junto con el cabo primero Alfonso. Ambos se quedaron a residir en Ibiza, donde montaron una empresa de mensajería. Como Rocamora era el cartero de a bordo, tenía que ser sustituído y el elegido fui yo.
El cargo era un chollo auténtico. No montaba guardias (ya estaba harto de una cada tres días) y me pasaba las mañanas fuera del barco. Iba correos, hacía los encargos y nadie me controlaba. Además, luego de volver al barco, me iba a casa y hasta el día siguiente. No me podía quejar.
Para sustituir a Rocamora llegó un nuevo y flamante cabo segundo hidrógrafo, Juan Bernal Schaffhausen, un chaval que procedía de una familia con tradición en la Armada. Recuerdo que fui yo quien lo recibí a bordo y lo llevé a la camareta de suboficiales, donde estaba de guardia Don Pascual.
Supongo que també se había marchado a la ETEA el cabo segundo radio Gustavo Carpintero, para hacer el curso II, pero por más que me rebano el seso no me viene quien le pudo relevar.

35. Relevos


Esta fotografía se tomó en Palma, en el dique oeste y estoy en el castillo de proa. Tiene aspectos interesantes, pues llevo puesta la camiseta de verano, con el emblema del Póllux. También porto la pistola, señal de que estaba de guardia, así que debió hacerse en el verano del 83. Detras se ve el puente de mando y arriba (no se como se llamaba esa estructura, pues las órdenes eran "vete arriba y...) hay izado un banderín, más en concreto el repetidor del comandante. Esto significaba que el comandante no estaba a bordo. También se ha puesto una lona para dar sombra.


Tengo que reconocer que los recuerdos que tengo del año 1984 son escasos. Como era el cartero y en horario laboral estaba fuera haciendo encargos, las relaciones con la gente ya no eran como antes. Además, si el POLLUX estaba en Palma, por la tarde me iba a casa hasta el día siguiente. Me acuerdo que llegó un nuevo sargento hidrógrafo, Manuel Goma, al que ya conocía del Instituto Hidrógrafico, pues hacía el curso III. Posiblemente llegó en junio del 84 para sustituir a Pedro Sanemeterio. También se iban algunos cabos primeros, por cambio de destino o licenciamiento. Así, se marchó el electrónico, el cabo Salvador, y llegó en su lugar Manolito, un cabo primero que era más joven que yo. Debió entrar en la Armada con 16 años. También se fue el cabo Pedro el escribiente y le sustituyó el cabo Cumbreras, que cada día me hacía el mismo encargo: el AS i el MARCA. Era un fanático de los deportes.
Otro encargo que me hacían sobre todo los suboficiales era comprar cupones de los ciegos, los que ahora se llaman de la ONCE. Cada día podía llevar los que quisiera, que me los quitaban de las manos.
También se iban los marineros y fue a principios del 84 cuando llegó "el Peque". Era un cabo verde de maniobras, voluntario, o sea de esos que hacían "más mili que el palo de la bandera", muy mañoso y hábil. No recuerdo su nombre, pero era un elemento muy válido e indispensable.

36. De maniobras



En esta jarra que compré cuando me licencié (no me la regalaron) puede verse el escudo del POLLUX y su numeral en aquella época AH-22. Luego, años después, se cambió a A-22

El Póllux participó en algunos ejercicios militares durante en 1983 y 1984. En concreto, las maniobras Alcudra 83, en la bahía de Palma, y Mar Valencia 84, en Valencia. Estas consistían en los dos casos en que se minaba con minas simuladas (bidones) una zona costera y los dragaminas las buscaban. El Póllux después localizaba los bidones que no aparecían. A algunas ni las pudo encontrar, pues se partía de la base de que el Póllux disponía de aparatos de localización y posicionamiento vía satélite de alta tecnología ( y lo sé porque vi los partes que mandaban al buque), cosa que no era cierta. El Póllux se podía situar relativamente en un punto con la ayuda de estaciones raydist, pero de satélites, nada de nada. O al menos en aquellos tiempos. Me viene a la memoria la escena de ver todos los dragaminas expectantes formados en la bahía de Palma mientras el Pollux recorría la zona delante de ellos buscando unas minas que no aparecían.
Tomar parte en esas maniobras no era ningún chollo, pues se trabajaba como locos, sobre todo la marinería, mientras que los oficiales se encontraban en su elemento.

37. Pelo largo

Hicimos algunos viajes a Menorca. En la estación naval de Mahón había en aquellos tiempos una dotación bastante considerable, con un contingente de infantería de marina. Era habitual ver alguna pareja de la PN por las calles, cosa que alimentaba la leyenda urbana de que la dotación de Mahón tenia fama de mafiosilla y se estaba muy encima de ella.
También era muy curioso que una barca llevaba a los marineros en los trayectos de la base a Mahón, cruzando el puerto. Durante el trayecto llevaban el lepanto puesto, dando una imagen a la que nunca encontré sentido, como un exceso de disciplina. También era corriente que en el embarcadero de Mahón, en la ciudad, te encontrases con una pareja de la PN ordenando formar a la gente antes de subir a la barca y luego pasando revista. Era mejor ir de la base a Mahón o viceversa a pie, si bien en este caso el camino se hacía bastante largo.
Recuerdo como anécdota que una vez el jefe de máquinas me mandó hacer un encargo en Mahón y me dirigí al embarcadero de la base a la hora de salida de francos para tomar la susodicha barca. Al llegar al muelle de la base me sale un individuo vestido de marinero, con traje de faena, mal afeitado, con el pelo largo y sin galones y portando el clásico chaquetón que se llevaba en las guardias. Se planta delante de mí y me suelta: "eh, tú, ¿a dónde vas?
Yo le contesté, "¿a ti que te importa?"
Entonces me soltó que era un cabo primero y me exigía respeto.
Le respondo que no veo los galones por ninguna parte. Nada, que entra en el cuerpo de guardia y me sale acompañado de un suboficial. Éste ordena que me ponga firmes, me mira de arriba a abajo y me suelta que no me puede dejar salir porque llevo el pelo demasiado largo.
Regreso inmediatamente al Póllux y le comento la historia al jefe de máquinas, el cual me ordena salir. Que él autoriza como llevo el pelo y que si en el cuerpo de guardia me ponen alguna pega, pues que se pongan inmediatamente en contacto con él.
Regreso al cuerpo de guardia y se lo digo al suboficial. Entonces éste coge el teléfono y pide que le pongan con el jefe de la policía naval, el cual no estaba disponible.
Ante tal tesitura, me pregunta por la graduación del jefe de máquinas y como éste tenía más galones que él, opta por quitarse problemas de encima y me deja salir. Yo siempre me quedé con la duda del porqué se permitía a aquel cabo primero ir mal vestido y mal afeitado, con el pelo más largo que yo, (y nada menos que estando de guardia), mientras a los demás se les exigía ir a reglamento.
Quien nos cortaba el pelo en el Póllux era un marinero, Pedro Montañez, que hizo un cursillo acelerado de barbero. Recuerdo que yo personalmente en Palma hice la compra, como cartero que era, de los utensilios de barbería en una tienda especializada, casi inencontrable, situada en una travesía de la calle San Miguel. Lo hacía bastante bien.
Ahora mismo me viene un recuerdo de los marineros con el pelo más largo que he visto en mi vida. Fue en el 82 estando de guardia en el Hidrográfico. Se presentaron en la puerta unos marineros del Cástor pidiendo visitar a un antiguo compañero que había cambiado de destino. Llevaban una melena que parecían miembros de una banda de rock. Recuerdo que el suboficial de guardia, el Otero, les invitó a pasarse por la barbería que teníamos en el Hidrográfico.

38. Estaciones raydist

Nuestra misión en Menorca durante el 1984 consistía en realizar un parcelario (o sea recoger todos los datos para confeccionar una carta náutica) en la zona este de Menorca, al norte del puerto de Mahón. Uno de los días trabajé en un islote denominado Illa d'en Colom, en el cual había una densa vegetación en la que era difícil moverse y estaba llena de lagartijas, como las que habíamos visto en las Pitiusas.
Una vez se se encomendó la compleja misión de responsabilizarme de una estación raydist. Durante unos días estuve solo en el monte acompañado de Agustín, un marinero gallego cuyo destino habitual era el ser repostero de oficiales. Pero antes de seguir contando mis aventuras, permítanme explicar como funcionaban estas estaciones raydist.

La estación raydist, como explico en otro apartado, era una especie de gps primitivo que permitía situar el buque a través del punto de corte de dos ondas producidas por dos estaciones, roja y azul, situadas en la costa. Tales estaciones se alimentaban con un artefacto llamado telán, cuya fuente de energía era una bombona de gas butano. Las estaciones precisaban del montaje de una enorme antena, de más de 10 metros de altura, que se construía en el suelo, añadiendo tramos, y luego se levantaba agarrando por todas direcciones con cuerdas, a las que llamábamos "vientos", un término marinero. Junto a la bombona se situaba un panel de instrumentos que servía para calibrar
El problema de las estaciones raydist era que se podían descalibrar muy fácilmente y esto sucedía habitualmente cuando alguien se acercaba cerca del telán. Una descalibración implicaba que el buque perdía información sobre su posición. Cuando esto sucedía, desde el puente de mando se informaba por radio y el encargado tenía que volver a calibrar. Todos los versados en el tema conocían este procedimiento, así que nadie se sentaba al lado del panel de instrumentos de calibración, sino a cierta distancia, esperando noticias. Sin embargo un año antes presencié un desgraciado incidente: estaba en el puente del Póllux cuando una estación dejó de mandar datos. Se llamó por radio al cabo primero que estaba en ella y éste informó que estaba descalibrada. En el Póllux, el oficial al mando del buque se puso a gritar como un loco y mandó arrestar al subordinado, uno de los cabos primeros hidrógrafos más competentes de a bordo, por no estar atento. Siempre me pregunté qué hizo mal este profesional, pues siguió el procedimiento.

39. Garrapatas

A lo que iba. Era mayo o junio de 1984 cuando se me ordenó mantener una estación raydist al este de Menorca. Se trataba de una zona apartada en la que no había ningún núcleo habitado cerca. Basta decir que durante los tres días que estuvimos allí no vimos un alma. Conmigo vino Agustín, un marinero gallego de reemplazo que normalmente era el respostero de oficiales. Montar la estación ya fue complicado, pues tuvimos que trasladar el material por senderos abruptos, acompañados por un grupo de marineros, cabos y suboficiales.
En teoría teníamos que estar allí unos pocos días, pero el trabajo se alargó y, como teníamos comida de sobra, pues se nos dejó a mí y a Agustín algunos días más.
Primer problema: a Agustín se le terminó el tabaco y estaba desesperado. Como último recurso recuerdo que sacó papel de liar y, ante mi sorpresa, lió un cigarrillo a base de hojas secas que encontraba aquí y allá. Me dijo que sabía bien, pero yo no lo hubiese probado ni loco. Esto le calmó el vicio.
Segundo problema: en un momento dado la estación raydist se descalibró. Se me planta el Póllux delante, en la costa, y por radio se me avisa del problema. por un momento me acordé del tema del que hablaba más arriba, en un apartado anterior, pero esta vez veo que los mandos estaban más enterados del tema. Me acerco al telán y vuelvo a calibrar. Fue bien y el buque se alejó a continuar con su trabajo. Tengo que confesar una cosa: aquella era la primera vez que calibraba una estación. Afortunadamente, y para distraerme, el día anterior me había leído el manual.
Tercer problema: la zona estaba llena de garrapatas. Tantas que cuando te descuidabas te encontrabas a una que te subía por las piernas. Para quitártelas no había que tirar del abdomen, pues entonces te podía quedar la cabeza de la garrapata dentro de la piel y se podía infectar. La solución era aplicar el mechero de Agustín, pues al quemarlas se soltaban. Esto duró todo el tiempo que estuvimos por allí.
Finalmente, y cuando ya llevábamos barba de varios días, un anochecer vimos unos rostros que gritaban nuestros nombres desde la distancia y nos deían que el trabajo había terminado. Nos abroncaron, pues decían que nos podríamos haber entretenido en desmontar la estación y bajarla. Creo que no habían calculado lo que era llevar entre dos aquel enorme peso.

40. soltando amarras

A partir de octubre de 1984 y hasta que acabé mi compromiso con la Armada, mi contacto con el Póllux fue escaso. Retrasé el permiso de verano a octubre y empecé mis estudios universitarios. Cada vez que iba por el buque veía menos caras conocidas y navegué poco, pues recuperaba mi cargo de cartero, cosa que me retenía en puerto. El 10 de enero, después de un vino español en el puente de mando en el que estuvieron presentes toda la dotación, abandoné el Póllux en el Puerto de Palma y dejé aparcada mi vida militar. Antes de irme me regalaron la foto que un día de estos publicaré aquí abajo. Si se me vienen a la cabeza nuevos recuerdos, los continuaré publicando. Mientras tanto, si alguno de vosotros quiere contactar conmigo para recordar sus vivencias, estaré muy agradecido.

Por cierto, que 25 años después, me volvió a entrar el gusanillo y me hice reservista voluntario, esta vez en el Ejército de Tierra. Un día espero comentar mis andanzas en esta nueva etapa de mi vida militar.